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Boda por el civil

Boda por el civil
Cada vez son más las parejas que deciden casarse por lo civil, en España más del 70%. Si eres una de esas parejas, aquí tienes las claves para que todo salga perfecto.

Boda por el civil

Los matrimonios civiles siguen aumentando. Desde que se legalizó el divorcio en España en los años 80, el porcentaje de uniones civiles no ha hecho más que aumentar, llegando al 25% en el año 2000 y cambiando la tendencia en 2008, cuando por primera vez superó el número de bodas religiosas. Con la llegada de los matrimonios entre personas del mismo sexo y la variedad de culturas, estas bodas se han convertido en las principales uniones, llegando al 70% en la actualidad. Por eso, debido a su importancia, una boda civil puede ser tan espectacular como una boda religiosa.

Para tramitar los documentos necesarios

En primer lugar, es necesario tramitar el expediente matrimonial. Para ello, hay que acudir a una delegación del registro civil y solicitar una cita para el inicio del procedimiento.

El día de la cita en la delegación, hay que llevar toda la documentación necesaria: original y fotocopia del DNI, certificado de empadronamiento, partida de nacimiento, Instancia del Registro Civil, declaración jurada del estado civil de soltería (solicitada en el Registro Civil) y, en caso de divorcio, nulidad o viudedad, el certificado literal del matrimonio anterior donde conste el divorcio o el certificado de defunción del cónyuge fallecido. Si uno o ambos son viudos, como extra deben solicitar una Instancia en el Registro Civil.

Conseguir un oficiante o un maestro de ceremonias

Habiendo visto muchas películas, seguro que te has preguntado: ¿quién puede casarme por lo civil? ¿Puede mi mejor amigo, como un acto divertido y encantador? No, la verdad es que no. Como mucho, puede actuar como maestro de ceremonias una vez que se ha celebrado una boda anterior o posterior, pero no tiene potestad para casar a nadie (siempre que no sea un cargo con potestad para ello).

Quienes sí están facultados para casar son los jueces encargados del Registro Civil, el alcalde del municipio donde se celebre el matrimonio, el concejal delegado por el alcalde para esa función, un notario y, como curiosidad, y en caso de casarse en un barco, el capitán o comandante del mismo (sí, como lo lees). Ante todos estos profesionales se da el consentimiento al matrimonio, es decir, se acepta el expediente que se abre al solicitar el matrimonio en el Registro Civil. En ese momento, el matrimonio se hace oficial.

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Para que estos funcionarios puedan casar a los novios en lugares privados, como hoteles, fincas o jardines, se puede solicitar al Registro Civil o al ayuntamiento del municipio elegido el traslado de un notario o de un juez para que levante acta en otros lugares. No obstante, muchos lugares de celebración cuentan con este servicio prestado por profesionales del municipio elegido.

Normalmente, los novios dan su consentimiento a los citados profesionales, con el famoso “sí quiero” y la posterior firma del acta, delante de sus invitados el día de la boda. Sin embargo, últimamente, los novios acuden al juzgado uno o varios días antes, se casan oficialmente (dan su consentimiento y firman) y, el día de la boda con el resto de la gente, utilizan a un maestro de ceremonias (un amigo, un primo…) para que les case simbólicamente, aunque el acto en sí no tiene validez legal. Lo que sí es válido es el acto celebrado ante una persona autorizada a la que se le da el consentimiento del matrimonio.

Elegir el lugar de celebración

Una de las libertades que ofrecen las bodas civiles es la elección del lugar de celebración. Y no es que las bodas religiosas estén limitadas, ya que hay multitud de templos a su disposición, pero es más difícil elegir un espacio alejado de estos lugares.

En las bodas civiles, uno de los lugares más míticos es el ayuntamiento, estupendo para “matar dos pájaros de un tiro” y oficializar el matrimonio sin tener que desplazarse hasta allí antes de la boda. Sin embargo, está exento del encanto de estos espacios.

Muchas parejas recurren a los patios y jardines de los hoteles y fincas que contratan para organizar el banquete. Esta es una gran opción porque todo queda en el mismo espacio y la logística es mucho más sencilla. En este sentido, el espacio puede contribuir a la decoración del lugar de la ceremonia, ya que muchos incluyen estos servicios y trabajan conjuntamente con los novios y el organizador de la boda.

Otros novios aprovechan grandes espacios señoriales para unirse en matrimonio, como palacios, castillos o grandes casas. Allí, tanto en el interior como en el exterior, es posible organizar una hermosa boda.

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Los lugares naturales también ganan importancia con el paso de los años. Las playas, uno de los sueños de muchos novios, son cada vez más fáciles, aunque siempre es necesario obtener permisos. Tanto en la arena como en espacios cercanos, casarse con vistas al mar es una opción cada vez más habitual.

Considerar los tipos de boda

Como las bodas civiles ofrecen mucha libertad y un gran número de novios pasan por el Registro Civil antes de su gran día, la ceremonia puede convertirse en un espectáculo.

En este sentido, existen diferentes tipos de ceremonias simbólicas que, obedeciendo a leyendas, rituales y manías, pueden llegar a ser realmente originales y significativas.

Las ceremonias de luz, las de arena y las de plantación han sido las más populares en los últimos años. En la primera, los novios encienden dos velas idénticas para, juntos, encender una mucho mayor que simboliza su nueva vida en común. En la segunda, se vierte arena de diferentes colores, una para cada uno de los novios, para representar su dispar y valiosa aportación a la relación; destaca por la belleza de esta unión de colores en bellas ondas y por la imposibilidad de separar estos materiales una vez unidos. En cuanto a la ceremonia de plantación, los novios plantan una semilla en una maceta que se llevan a casa o lo hacen directamente en el campo; el motivo no es otro que equiparar la relación al nuevo árbol, que crecerá y prosperará con el paso de los años.

La boda mágica es una de las menos comunes, pero también la que ocupa el podio de las más especiales por su belleza visual. Consiste en una celebración nocturna, iluminada únicamente con velas y farolillos, y que imprime ese toque mágico tan propio de los cuentos de hadas y los lugares encantados. En este sentido, la boda temática también ocupa un lugar relevante, y es propia de personas con grandes pasiones, especialmente las de la cultura popular.

Los rituales relacionados con otras culturas son estupendos si se quiere añadir un guiño especial a la ceremonia, aunque el matrimonio legal no tenga nada que ver con ellas; además, algunos de ellos están relacionados con el mar, la tierra o el cielo, por citar algunos, y son fantásticos a nivel simbólico. En este sentido, la suelta de farolillos de papel es una tradición de Asia cada vez más extendida, y que, siguiendo algunas reglas, puede quedar realmente espectacular en las bodas nocturnas. Si la boda es de día, los globos de látex de colores volando en el cielo crearán una estampa visual impresionante.

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El rito de la pedida de mano también tiene un gran valor. Proviene de la cultura celta y consiste en crear un infinito uniendo las manos, la derecha de uno con la izquierda del otro y viceversa. A continuación, a través de una cinta colocada por el oficiante en sus manos, se simboliza el amor eterno de la pareja mientras se pronuncian los votos.

Y por último, la ceremonia del vino: los novios vacían dos decantadores, uno con vino blanco y otro con vino tinto, en otro decantador vacío, que deberán beber para sellar su amor conjunto.

Aprovechar la boda civil

Como ya hemos dicho varias veces, la boda civil ofrece mucha libertad de acción y la improvisación es bienvenida.

La libertad en la elección del espacio ya ha quedado clara, pero hay que añadir que cualquier lugar es bienvenido. Ya hemos explicado cuáles son los más habituales, pero cualquier espacio interesante o especial para los novios es válido, sin tener que cumplir las “leyes” de jardines, ayuntamientos o playas, e incluso si es público. Si se obtiene el permiso del lugar correspondiente, incluso una plaza de la ciudad, un parque o un estadio pueden utilizarse para algo así.

Una de las ventajas de las bodas civiles es que la ceremonia, la recepción y la fiesta suelen estar ubicadas en el mismo espacio. Este concepto es realmente cómodo para todos los invitados, muchos de los cuales son mayores y pueden tener problemas de movilidad, además de ahorrar en el transporte.

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